Participé en un proceso de selección con alrededor de cinco entrevistas. En cuatro de ellas me hicieron prácticamente las mismas preguntas, solo que con personas distintas, lo que transmitía una sensación de repetición innecesaria. Otra entrevista fue un ejercicio tipo “si fueras…”, que se extendió más de dos horas y media, sin una explicación clara sobre el propósito.
Para las etapas finales viajé a Italia costeando varios vuelos por indicación de la empresa. Después de completar todo el proceso, pasaron varias semanas sin recibir ninguna actualización. Cuando fui yo quien contactó para saber cómo avanzaba la candidatura, me comunicaron que mi proceso se había cerrado hacía tiempo, algo de lo que no había sido informado.
Siempre comento esta experiencia porque resume lo que viví: un proceso largo, repetitivo y gestionado con poca atención hacia el candidato. Para mí, dice mucho sobre cómo opera la empresa internamente.