El proceso de selección fue una de las peores experiencias que he tenido. Se extendió durante más de tres meses, incluyendo numerosas entrevistas, un test psicológico y un caso práctico. Tras completar todas las fases, la comunicación por parte de la empresa fue inexistente: más de un mes de absoluto silencio. Finalmente, recibí un correo genérico de rechazo, una respuesta vaga e impersonal. En resumen, un proceso largo, poco respetuoso con el candidato y con una gestión de la comunicación muy deficiente.